Artículos sobre «grandes inventos» de todos los tiempos
Los juegos de química, y «El hombre que salvó las Navidades»
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Parece una frase terriblemente presuntuosa, pero puesta en el contexto del artículo, me ha parecido genial (no es mía como veréis).
Mientras procastinaba, palabra no aceptada por la RAE, pero con amplia definición en la Wikipedia, he leído en Wired Science, sitio que acabo de descubrir, y del que me declararé su más absoluto y ferviente admirador como mínimo durante tres días, información sobre los famosos juegos de química, que tantos disgustos han dado a nuestros padres y abuelos, y que hoy en día, al no tener botones, batería de litio, y pantalla de 10″, se pueden dar por desaparecidos.
Pese a que recomiendo su lectura, el artículo habla de la situación por la que están pasando estos juegos de química, antaño deseados por los niños de medio mundo, y hoy, desahuciados en el ocaso de su vida, y banalizados hasta el punto de que el serio y aparentemente importante científico de bata blanca que aparecía haciendo sus experimentos en las cajas de estos juguetes, se ha convertido en un dibujo de un científico, más bien loco, con gafas de pasta gorda, y con poca estima a sus brazos. Además resulta gracioso, pero establecen cierto paralelismo entre el número de licenciados y estudiantes de químicas, y las épocas de mayor o menor éxito de este juguete.
También critican que hoy día, pese a existir algunos juegos de química, debido a los «altos níveles de seguridad nacional», que en algunos casos podrían estar bien fundamentados, debe existir algo en el medio de los viejos juegos, y el que hayan dejado de existir como tales.
Para acabar, nos muestran una presentación con un repaso histórico, a dos de los juegos clásicos en Estados Unidos, el Chemcraft, del químico John J. Porter, que comenzó a comercializar su juego en 1914, y el de Alfred Carlton Gilbert (nada que ver con el primo de Will Smith), que en 1922 lanzó su primer juego al mercado, y que años antes, en 1918, recién acabada la Primera Guerra Mundial, consiguió detener una propuesta que pretendía detener la producción de juguetes (entiendo que para la utilización de los materiales y dinero en otros asuntos «más importantes»), y que le valió el apoyo de «El hombre que salvó las Navidades» ¡genial!
Fue tal el éxito del primero, que en los 50, convirtieron al país en ¡¡¡el máximo consumidor de tubos de ensayo del mundo!!! Eso sí, en los 60 fue comprada por una gran empresa de juguetes, que acabó cerrándola en los 80.
Por cierto, pese a que mis padres nunca osaron comprarme uno, yo recuerdo el Quimicefa ¿os suena alguno más?
Y más importante todavía ¿alguna anécdota que contar?
NOTA: Algunos enlaces reeditados y algún contenido ya no localizado (2019)


¡¡¡Vaya inventazo!!! Y que manera de sacar un artículo de la nada…

Me ha hecho gracia conocer la categoría «Necesidades corrientes de la vida«. Me ha venido a la mente un tipo con gafas de pasta, bolis en la solapa de la camisa blanca y dientes de conejo en el mostrador: «¡Fuenos fías!Fengo a patentar una necesidaf corriente de la fida». Si estoy allí y me dice eso, lo primero que haría es preguntarme si compartimos necesidades…jajaja Es broma, un saludo a todos los inventores…
De esta manera llegamos al siglo XX, donde Harry Soref, cerrajero y inventor, observando que a principios de siglo, para ofrecer mayor seguridad, se comenzaban a fabricar las puertas de las cámaras acorazadas de los bancos, y también los barcos de guerra, en acero laminado, pensó que el podría ofrecer mayor garantía fabricando candados de igual manera. Después de que ninguna fábrica quisiera comprarle su invento, consiguió financiación, para comenzar a producirlos en una habitación con una taladro, una prensa y un bocadillo de atún (indispensable en un taller). Así fundó Master Lock, que a muchos puede sonar, sobre todo a los que se dediquen al «acopio de lo ajeno»…
Después de todos estas mejoras y modificaciones, llegaron los botones, las luces fluorescentes que lo hacen parecer una nave espacial, los chicles enganchados en las paredes que separaban una puerta de planta de otra, las puertas de seguridad, los graffitis en los cristales, las pegatinas del Bollycao, las peleas con los vecinos, etc.