Inventos hay de muchos tipos, inútiles, brillantes, ingeniosos, complicados, surrealistas…pero los hay que son especialmente bonitos, porque son fruto de las ganas de ayudar a los demás.

Por supuesto, que inventos bonitos también hay muchos, y como dicen que para gustos los colores, supongo que a muchos le parecerán bonitos inventos para ayudar a los demás como: la muñeca hinchable con labios anatómicos, las bolas de petanca trucadas, el monopatín nuclear…¿el monopatín nuclear? eso no está inventado ¡vamos cabezas! esto puede ser el bombazo del año que viene…

Bueno, toda esta circunlocución es para acabar hablando de un invento bonito de verdad, de esos concebidos para ayudar a un colectivo de personas con problemas de comunicación, que si pensáis detenidamente, es uno de los mayores problemas a los que se puede enfrentar una persona ¿os imagináis no poder comunicaros con las personas de vuestro entorno? Pensadlo.

Os voy a hablar de los alfabetos para ciegos. Casi todos los sistemas creados, o básicamente los que han tenido mayor difusión, se basan en tipos de escritura en relieve, que se realiza sobre variados tipos de superficie, básicamente papel y plásticos.

El primero que trató de crear un tipo de escritura con este sistema en relieve, fue Valentín Haüy, un francés muy espabilado, que hablaba 10 idiomas y era maestro calígrafo, y que en 1793 creó un sistema donde se daba relieve a unas letras de gran tamaño (tipo HOLLYWOOD). Se usaba tanto con letras, cómo con números, y eso permitió a un gran número de ciegos de la época a escribir y realizar pequeños cálculos. El mismo creó una fundación para poder enseñar su sistema, el Instituto de los Niños Ciegos.

En 1837, un tal T.M.Lucas creó un alfabeto con símbolos fonéticos en relieve, que más tarde mejoró James H. Frere creando el salto de línea que permite leer de izquierda a derecha la primera línea, y de derecha a izquierda la siguiente, para que el dedo no pierda la referencia.

Pero hasta aquí todos tenían un problema, eran sistemas que facilitaban la lectura, pero no la escritura. Hasta que llegó Louis Braille, que era alumno del instituto creado por Haüy, y que con sólo 16 años creó un sistema totalmente diferente que permitía a los ciegos no sólo leer, sino también escribir fácilmente.

El sistema que Braille construyó, estuvo basado en la idea inicial de un militar francés que utilizaba un sistema semejante para transmitir órdenes al frente. El alfabeto Braille está basado en una combinación de 1 a 6 puntos para construir cada uno de los signos. Y no sólo facilitó la lectura, sino que debido a su sencillez, permitió que personas ciegas pudieran llegar a mantener correspondencia, ya sea grabando con pequeños punzones, o con máquinas inventadas para ello.

¿Por qué 6 y no 8 ó 20 puntitos? Aunque con 8 puntos fue probado, ya que ofrecía mayor número de combinaciones, las personas tenían que recorrer con el dedo cada unos de los símbolos, lo que complicaba el asunto. Resulta que con 6 puntos, las terminaciones nerviosas de las yemas de nuestros dedos, pueden reconocer de una vez de qué signo se trata. Aunque algunos como yo tenemos los dedos como las ranas, regordetes en las puntas, de aporrear el teclado…

Supongo que algunos de vosotros os lo habréis preguntado, y sí, existen varios tipos de braille, adaptados para los signos de otros idiomas como el ruso, el coreano, el japonés, el griego, etc; pero todos han sido creados basándose en el latino (el de la foto), así que podríamos decir que es bastante universal, aunque no todas las personas con problemas de visión utilizan este sistema.

Por último, y como curiosidad, ya que motivó mi interés por saber más acerca del alfabeto Braille, es que las personas ciegas tienen entre otros problemas, uno especialmente delicado, y es el de reconocer los billetes; se pueden guiar por su tamaño, y aunque el tacto de los números suele ser un poco más rugoso que el resto del billete, cuando llevan un tiempo en curso, y les hemos dejado cada uno un poco de roña pegada, ya no son identificables. En la Wikipedia, comenta que en Canadá se creó un sistema similar al Braille, que aunque no está basado en este, permite el reconocimiento del valor mediante una serie de puntos grabados.

Si tenéis más datos sobre estos tipos de escritura, podéis escribir algún comentario, será bien recibido. A mí me ha parecido interesante leer algo sobre el tema, pero me imagino que me dejo muchas cosas en el tintero…

Si quieres leer algo más:

Me vais a permitir un artículo un poco escatológico, no es que sea un artículo de mierda como otras veces, es que os voy a hablar del aparato recolector de mierda por antonomasia: el inodoro (luego entramos en la lista de nombres).

Todo esto viene por el artículo anterior, claro, tanto rato viendo el inodoro ahí, que se me ocurrió investigar sobre su historia, y como siempre, curiosa.

El invento, con toda la ingeniería que hace que funcione, se le atribuye a un tal John Harington, que lo inventó en el 1597 en Inglaterra. Decía de él: es una simple abertura en el suelo que no necesita pozo ciego, ya que una corriente de agua, controlada por un sistemas de válvulas, palancas, pesas y manivelas controlan a la cisterna para abrirla y cerrarla.

Como todo en esa época, iba a parar a palacio, se instaló uno para la reina Isabel I de Inglaterra, que decía tener una nariz extremadamente sensible (claro, la cocaína, ¡ah, no! sino estaba inventada, eso es para los reyes modernos). El caso es que el invento no acabó de convencer a la reina que prefería seguir tirando sus reales mierdas por la ventana. ¡Agua va! Gritaban ¡qué cabrones! Supongo que de ahí vendrá la expresión: caen chuzos de punta.

El caso es que el Sr. Harington, que en realidad era poeta, con una gran bocaza, acabó en el destierro en la ciudad de Bath, y allí se instaló su inodoro. Y allí se quedaría…

En 1775 se patentó el inodoro con cisterna. Y fue otro inglés Alexander Cummings, pero como siempre en estos casos, tenía problemas: goteaba. Tres años después Samuel Prosse solucionó este problema. Si esto hubiera pasado en España, tendríamos los inodoros todavía goteando, pero provisionalmente…¡mañana venimos a arreglarlo!

Otro hecho constatado es que estas cosas realmente no se ponen en marcha hasta la ley no golpea con su brazo en la mesa: en 1848 el Parlamento inglés anunció (creo que con otras palabras): “A cagar todo el mundo al inodoro, este será un gran servicio para la sociedad”, y de ahí otro nombre. Curiosamente, no quería comentarlo, pero esto me lo ha dicho a mí mi primo, y es que el señor X, que tiene una fábrica de inodoro que no se como ni una rosca, es amigo del hijo del presidente de la asociación de deshollinadores, que a su vez tiene un vecino que le lleva siempre té de contrabando al ministro de sanidad, que curiosamente ha obligado a poner inodoros en todas las casas. Lo que son las coincidencias.

Os dejo unas fotos de retretes, que siempre alegran la vista, sobretodo en determinados momentos. Fijaros en la cisterna del primero. El segundo parece un florero pero es un orinario. Y el tercero…es un kit.

Os dejo un enlace a un artículo interesante, aquí. Y la definición de la Wikipedia.

Ahora viene lo mejor, y espero que participéis, seguro que sale una buena lista. Como todos sabéis al inodoro se le llama de muy diversa manera, yo de manera rápida, empiezo la lista con varios, pero ¿cuáles me dejo?

  1. Retrete
  2. Inodoro
  3. Excusado
  4. Trono
  5. Servicio

A ver esas mentes…y no os cortéis

Es curioso que siempre se ha hablado que los ordenadores han hecho desaparecer a las máquinas de escribir, mecánicas o electrónicas, pero se da por sentado que un recurso todavía más antiguo, el de la escritura a mano, no está en peligro. Curiosidades de la vida…

El primer modelo de máquina de escribir, aunque parezca sorprendente, data de 1714, cuando Henry Hill, obtuvo la patente de la reina de Inglaterra sobre “una máquina para imprimir letras, solas o junto a otras”. El problema es que no se ha conservado nada del invento hasta nuestros días, así que…se siente. Así que nos vamos hasta 1829, para que el norteamericano William Austin Hurt, hiciera su patente, y el francés Javier Projean hiciera su “machine criptographique“. De esta manera, y tras unas 52 patentes diferentes, todas ellas de diferentes personas, que intentaban perfeccionar el invento, llegó la primera máquina aceptable, ideada por Christopher N. Sholes y su ayudante Carlos Glidden, y que fue producida en serie con éxito comercial limitado.

El gran avance se produjo cuando Sholes y Glidden, cansados de intentar mejorar la máquina, vendieron la patente por 12.000 dólares a dos negociantes que entraron en contacto con la empresa Remington ans sons, fabricantes de máquinas de coser y armas, que como podéis ver, se sigue dedicando al negocio más rentable. Y fue entonces cuando tras varias mejoras la máquina comenzó a tener éxito en el mercado.

Esa primera máquina era conocida como el modelo QWERTY, y si miráis ahora vuestro teclado, al lado de la tecla de tabulación, os sorprenderéis. ¡Oh! ¡Como he podido adivinar donde están esas teclas en vuestro teclado! Pues a parte de que puedo ver a través de vuestros monitores (a veces yo también me llevo sorpresas), la distribución del teclado QWERTY, se hizo de manera ilógica respecto al alfabeto, pues se buscaba distanciar las letras que más habitualmente se escribían juntas, para evitar atascos, y esa es la distribución que nos ha llegado hasta hoy en los teclados en inglés y castellano, aunque existen otras muchas distribuciones, y está probado que esta no es la mejor.

Aquí podemos ver la evolución de la máquina de escribir, desde un modelo de la marca Regina de principios de siglo, pasando por una Olivetti Letterra 32 de los años 70/80, hasta los últimos modelos aparecidos.

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Para acabar, unas curiosidades:

  • existían máquinas sin 0 ni 1, ya que utilizaban las letras O y l.
  • las cintas a dos colores (rojo-negro) aparecieron como una necesidad para los libros contables (los famosos números rojos)
  • se inventó una máquina silenciosa, pero fue un fracaso puesto que a la gente le gustaba oír el repiqueteo.
  • en la jerga informática ha quedado, entre otros, el CC de los correos electrónicos, que viene del copia carbón usado en las máquinas de escribir.
  • este invento propició la aparición de correctores dela escritura como el famoso Tipp-Ex.
  • Haciendo clic en este enlace, os sorprenderéis por la cantidad de máquinas de escribir que se siguen vendido, aquí.

Si quieres leer más aquí tienes la Wikipedia, y otros artículos aquí y >aquí.

Siguiendo con estas grandes monografías sobre grandes avances de la ingeniería, como el Post-It, y el Meccano. Hoy os hablaré de un artilugio que impulsó hasta cotas insospechadas, el uso de la ropa interior.

Este artilugio, no es otro que la cremallera, patentada en agosto de 1893 por Whitecomb Judson, un mecánico de Chicago, y denominada inicialmente cierre con grapas. Como todo gran invento, sus inicios fueron desastrosos, recibió el encargo de acoplar su invento a 20 sacas de correos, y desde entonces el servicio de correos no ha vuelto a levantar cabeza. Se atascaban, se abrían solas…

En 1905 se asoció con Lewis Walter, un abogado con poca faena, con quien creó la marca comercial, y montaron la cadena de producción, pero aquello no acababa de funcionar. Fue entonces en 1909 cuando falleció el Sr.Judson, y vino el sueco listillo y mejoró el invento, fue Gideon Sundback. Y así fue como los americanos, tan recelosos de su patrimonio nacional, al ver que un sueco había mejorado el invento, decidieron que la armada de los Estados Unidos de América (los del software del aguilucho), debía montar en sus equipos este invento…qué país.

Así fue como este invento comenzó su andadura hacia su éxito más rotundo, y fue en la pasarela en 1935, cuando una famosa diseñadora una diseñadora estilo rococó, Elsa Schiaparelli, las introdujo en sus diseños, con fines puramente estéticos, y así tuvimos la suerte de lucir nuestras chupas de cuero, nuestros chubasqueros Karhu, y nuestras riñoneras. Gracias Elsa, cuanto daño has hecho…

Como último dato curioso, cremallera en inglés es zipper, nombre que le otorgó uno de sus últimos impulsores, la B.F.Goodrich Corporation, cuyo departamento de marketing, en un alarde de profesionalidad, asignó la onomatopeya del subir y bajar de la cremallera.

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Que conste que yo nunca lo he tenido, pero no habrá sido por ganas de tenerlo, seguro que más de un tirón de brazos les daría a mis padres al pasar por delante de algún escaparate con algún Meccano, aunque bien pensado, estaba todo el día pidiendo, y es posible que mis padres pasaran por alto el gran nivel de conocimientos que pudiera haber ganado con un juguete de este tipo entre mis manos…

Y es que el Meccano fue inventado por un padre asqueado de construirle a sus hijos juguetes, y tener siempre que empezar de cero, aunque la historia diga que el inventor le encantaba construirles juguetes, no me lo creo. Claro, y seguro que también se quedaba delante mientras veía como esos pequeños monstruos destrozaban su obra….ñiummm….ñiummmm

El caso es que este señor que se llamaba Frank Hornby, contable y de Liverpool, se le ocurrió construir piezas versátiles que pudieran montarse y desmontarse y ser así aprovechadas. La idea inicial consistía en hacer tiras de metal con agujeros que permitieran la unión con otras piezas: escuadras, poleas, tornillos, ruedas, pasadores, tirantes, etc. Así que le pidió un préstamo a su jefe, con el que se asoció para patentar y fabricar el invento, en el año 1907. Esta ha sido mi mayor sorpresa ¡100 años! ¿Dónde están las celebraciones del centenario? Menos años Van Gogh, Cervantes, u otros defensas centrales, y más Meccano. Al menos los amantes de la mecánica deberíamos haber montado algún tipo de celebración, con pasteles en forma de tuerca, piñatas de acero cogidas con un buen muelle y barra libre de aceite sintético.

Tras unos comienzos difíciles, y abandonado por su socio, el negocio comenzó a funcionar, y tuvo su mayor éxito en el periodo entre las dos guerras mundiales, años 20 y 30 aproximadamente. Y como todo buen emprendedor, murió rico en 1936 y dejó la empresa a sus parientes para que se la cargaran. Y no le defraudaron, aunque aguantaron hasta 1979, toda una hazaña, ya que a las nuevas generaciones les gustaban más los Geyperman.

Fruto de su expansión, que le llevó a tener fábricas en Alemania y Francia, queda sólo hoy día en Francia una factoría, que primero pasó por manos de una empresa americana, y que actualmente pertenece a la japonesa Nikko, que es la que posee la marca Mecanno como tal.

Os dejo un par de vídeos bastante largos, así que verlos como queráis, pero son realmente espectaculares ambos:

Bueno, me voy a engrasar la máquina.

¡Qué ganas tenía de hablaros de las microesferas copolímeras de acrilato!

Desde que conozco la verdadera historia de las microesferas, es que no he vuelto a ser el mismo. Espero que a vosotros también os cambie la vida. Y aunque lo parezca, tranquilos que no quiero vender nada.

La historia comienza cuando Spencer Silver, que era un investigador en el campo de los adhesivos, y que trabajaba en una empresa que le permitía gastar un 15% de su tiempo en proyectos en los que él creyera, tuvo un fallo y obtuvo un adhesivo compuesto de partículas diminutas que sólo conseguía sujetar un papel, siempre y cuando este no se ensuciara. ¿Os va sonando?

Un día que se encontró con su amigo Fry (que no es el del Futurama), le comentó la posibilidad de solucionar el engorroso problema que este tenía, y es que necesitaba un punto de libro para el himnario de la iglesia presbiteriana de su localidad, que se quedara en su sitio, pero que luego se pudiera quitar sin dañar el libro (un poco especial este señor). El caso es que aplicó las microesferas a un papelito, y hasta escribió una nota, y….¡explotó! No, es broma, resulta que acababan de encontrarle una aplicación al adhesivo.

Como sus mentes fueron mucho más allá, y pensaron que si servían para el himnario, quizás servían para más libros, la empresa 3M decidió lanzarlo al mercado, con éxito sólo en la última de las campañas, cuando decidieron regalar muestras gratuitas, y es que, como cambia nuestra percepción cuando tenemos que comprar algo, o nos lo regalan.

Pues bien, he aquí ¡¡¡LA VERDADERA HISTORIA DEL POST-IT!!! Sí, sí, las microesferas copolímeras de acrilato son el adhesivo que lleva un de los mayores inventos del siglo para la oficina, el Post-It.

Por cierto, como me parecía un poco tonto poneros una imagen de un post-it, he buscado un vídeo, y creo que no podía haber encontrado nada más original.

No es que sea nada nuevo, pero tenía un papelito enganchado en el monitor, pendiente de hablaros de este tema…